Hablar no sirve de nada

En el post anterior vimos la importancia que tiene una buena comunicación en la relación de pareja. Ahora hablaremos de los errores que podemos cometer cuando actuamos tanto de emisores como de receptores, y plantearemos qué se puede hacer para mejorar la comunicación en ambos casos.

Vamos a comenzar con el emisor, es decir, con la persona que envía el mensaje. Cuando actuamos como emisores hay que tener presente la primera ley de la comunicación: tener muy claro cuál es nuestro objetivo antes de empezar a hablar. Para que la intención de nuestro mensaje no pueda ser deformada es muy importante atender a la forma con la que hablamos. Supongamos que un emisor quiere enviar un mensaje con el objetivo de que su pareja vaya a comprarle tabaco. Este mensaje puede llegar a alterar la armonía de la pareja provocando una pequeña discusión si se distorsiona el objetivo. Veamos algunos ejemplos: 

– ¡Ve a comprarme tabaco! → Según la forma utilizada, la intención del mensaje parece la de ordenar

– Si no vas a comprarme tabaco, el sábado no salimos → chantaje

– Si no estuvieras pendiente sólo de lo tuyo te habrías dado cuenta de que necesito tabaco → la intención de este mensaje es criticar

– No quieres ir a comprarme tabaco porque estás vengándote por lo de ayer → mensaje destructivo.

Estos son ejemplos de mensajes destructivos, formas erróneas de enviar un mensaje que probablemente no sólo conseguirán que la pareja no nos haga ese favor, sino que además provocarán enfado. Para que nuestra intención no se distorsione debemos atender a la forma con la que hablamos. Una forma correcta y agradable de pedir tabaco sería: cariño, si no estás acupad@, ¿podrías ir a comprarme tabaco? Así comunicamos lo que queremos y probablemente lo consigamos, ya que nuestra pareja no se molestará por la forma agradable de la petición. 

¿Qué podemos hacer para evitar los mensajes destructivos?

1. Cuando nos dirijamos a nuestra pareja, es decir, cuando actuemos como emisores, debemos intentar cuidar el contenido y la forma de nuestro mensaje, de manera que no dé lugar a errores de interpretación

2. Analizar y revisar nuestros mensajes. Formularnos previamente cuál es el objetivo que tenemos.

La armonía de la pareja se suele alterar cuando un mensaje se envía de forma incorrecta, pero en otras ocasiones el origen de una mala comunicación puede estar en el receptor, ya sea porque la forma del mensaje no es totalmente correcta o porque quien recibe el mensaje tiene una personalidad muy sensible. Los mensajes en estos casos se pueden traducir de forma destructiva. Por ejemplo:

Emisor: hoy has venido pronto. (Aquí la comunicación verbal es correcta).

Receptor: Quieres decir que otros días vengo tarde, ¿no? / No te molestes, sé perfectamente que es tarde para lo que querrías hacer… / Claro, si no, ya sé que caras me toca aguantar.

Este sería un ejemplo de interpretación tergiversada. El receptor sospecha de la intención del emisor y reacciona como si éste fuera a criticarlo. 

¿Qué podemos hacer para evitar malinterpretar los mensajes? 

Cuando escuchemos a nuestra pareja, es decir cuando actuemos como receptores, debemos intentar no adivinar ni mostrarnos suspicaces. Incluso cuando la forma del mensaje no sea del todo correcta. Lo más importante es mantener la armonía: una interpretación tergiversada sólo traerá malestar.

1 comentario en “Hablar no sirve de nada

  1. […] La comunicación agresiva se caracteriza por imponer nuestro punto de vista por encima del de la otra persona, sin tener en cuenta su opinión o sus derechos. Utilizamos este estilo de comunicación cuando: amenazo, insulto o humillo; no respeto los derechos de los demás, invado el espacio de otros y se hace siempre lo que yo digo. La comunicación agresiva está llena de reproches, agresiones verbales, críticas y acusaciones. Desde aquí es muy fácil caer en mensajes destructivos. […]

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